viernes, 11 de enero de 2019

La diosa Ishtar, la mujer no fértil y guerrera.


Ishtar u el análogo babilónico de Inanna, diosa del amor y la fertilidad sumeria, se asocia principalmente en esta civilización con la sexualidad. Su culto implicaba la prostitución sagrada por lo que a la ciudad donde se le rendía culto, Uruk, se la conocía como “ciudad de las cortesanas sagradas”.



Fuente: https://warriorsoftheruwach.com/easter(Última conexión: 11-1-19)


Para el reconocimiento y culto a la figura de Ishtar, se realizaron numerosas manifestaciones artísticas dedicadas a la diosa, como por ejemplo las del templo babilónico llamado E.tur.kalam.ma. En el mismo, Hammurabi construyó en el año 1778 a. C. un trono para realizar el culto a la diosa, además, en 1775 a. C. se realizaron numerosas imágenes conmemorativas de la misma. Pese a la importancia de estas obras, la obra más relevante -por su singularidad y monumentalidad- que ha llegado hasta nuestros días es la puerta de Ishtar, en la ciudad de Babilonia. 


La puerta de Ishtar fue construida en tres etapas, donde vemos una variación de sus motivos decorativos. Hasta nuestros días ha llegado la tercera la realizada por Nabuconosor. La puerta sirvió para dotar de prestigio monumental a la ciudad de Babilonia y unir edificaciones que se encontraban fuera de la protección de las murallas, como el Palacio real de verano. Los motivos decorativos que aparecen son relieves vidriados que representan a animales apotropaicos. Estos animales tenían una función simbólica, ya que se creía que servían para proteger de malas energías. 

Ishtar en el mundo antiguo tiene tres caracteres: es atractiva y erótica como diosa del amor y del sexo; sanguinaria y cruel como diosa de la guerra y astral en su identificación con el planeta Venus. Como diosa dentro de la cosmología babilónica no cumple el papel que se espera de una mujer en esta civilización, no fue una esposa fiel y sometida a la figura de su esposo, ni una madre, sino que las referencias a la diosa nos la presesentan como una mujer sexualmente activa, que busca la satisfacción sin compromiso y sin la búsqueda de la procreación. En La epopeya de Gilgamesh Ishtar se nos presenta como la amante estéril y temida, rechazada por el hombre al conocer la libertad sexual con la que vive sus amoríos. 

En su faceta de diosa del amor y la sexualidad, no era una diosa relacionada con el matrimonio, ni respondía a la figura de diosa-madre tan presente en la antigüedad. Como diosa de la guerra  se nos muestra como reina, pese a ser una figura muy residual en la antigüedad –sólo conocemos un ejemplo en el Sumer y ejemplos muy escasos en Babilonia˗, y luchando junto a otros reyes varones.  

A este arquetipo femenino presentado con la diosa Ishtar podemos asociar la figura de la reina mesopotámica Semíramis, a la que los autores como Diodoro de Sicilia le atribuyen la fundación de la ciudad de Babilonia. Partiendo del relato de Diodoro, Semiramis se nos muestra como una reina  fuerte, independiente y poderosa, atributos asociados a lo masculino en la antigüedad: no quiso contraer matrimonio legal, por temor a verse privada del poder supremo , tenía numerosos amantes que elegía entre sus soldados. 

La existencia de esta reina, guerrera y conquistadora y una diosa de la guerra que responde a esta misma descripción se nos muestra atípica en la historia de Mesopotamia, dominada por héroes masculinos y en la que las mujeres tenían un papel totalmente secundario. La mujer no fértil o no procreadora también es un paradigma muy infrecuente, reservado a mujeres consagradas a la vida religiosa, como las naditum (cuya traducción literal sería “mujer en barbecho”), que aparecen en numerosos códigos legales como el de Hammurabi. 
Para saber más: 

I. AGHION - C. BARBILLON - F. LISSARRAGUE, Guía iconográfica de los héroes y dioses de la antigüedad, Madrid, Alianza editorial, 1997.

J. SANMARTÍN (ed), Códigos legales de tradición mesopotámica, Barcelona, 1999. 

J. BOTTÉRO, La religión más antigua: Mesopotamia, Madrid, 2001.